Byung-Chul Han abre este ensayo con una imagen que resulta difícil de sacudir: la superficie pulida del iPhone. Lisa, sin costuras, sin fricción. No la describe como un objeto de diseño sino como el emblema de una época. Lo liso —das Glatte, en el alemán original— es para él la categoría estética dominante de nuestro tiempo. Y su tesis es que esa lisura, lejos de ser una forma de belleza, es precisamente su destrucción.
El punto de partida es la observación de que hoy solo consideramos bello aquello que podemos aprobar sin resistencia. El Like —el gesto digital más repetido de la historia— se convierte en su metáfora central: la unidad mínima de una estética que excluye la negatividad, la extrañeza, la herida. Jeff Koons aparece en el libro como su figura ejemplar: esculturas de acero pulido, superficies que no dejan entrar ni la sombra ni el tiempo, objetos sin pasado y sin dolor. Para Han, esa ausencia de dolor es una ausencia de profundidad.
Frente a esto, Han convoca a Rilke. La primera Elegía de Duino abre con una pregunta que el filósofo hace suya: la belleza no es sino el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar. La belleza genuina, en esta tradición, roza algo en nosotros que preferiríamos no rozar. No destruye, pero perturba. Es esa capacidad de perturbación lo que Han intenta rescatar.
El libro encuentra en la estética japonesa un antídoto preciso. El wabi-sabi —la belleza de lo incompleto, lo transitorio, lo imperfecto— le sirve como contrapeso a la lisura contemporánea. El kintsugi, la técnica de reparar la cerámica rota con oro, se convierte en imagen filosófica: la herida no se oculta sino que se exhibe, y en esa exhibición la pieza se vuelve más bella, no menos. Un objeto sin grietas es un objeto sin pasado. Y un objeto sin pasado no puede conmovernos del modo en que la belleza genuina conmueve.
El hilo conductor de todo el ensayo es una defensa de la negatividad como componente esencial de lo bello. No fealdad ni sufrimiento gratuito, sino lo que introduce resistencia, alteridad, algo que no se reduce a lo mismo. Han habla del Otro como condición de la belleza: algo que provenga de fuera de nosotros, que no confirme lo que ya esperábamos. La cultura del Like construye un mundo de superficies que solo reflejan. Y un mundo así, sugiere Han, ha confundido el bienestar con la ausencia de todo lo que duele.
Es un libro breve —menos de cien páginas— pero de los que se expanden después de leerlos. Que hacen que uno mire de otro modo una grieta en la pared, o el silencio al final de una pieza de música antes de que empiece el aplauso.
Han, Byung-Chul (2015): La salvación de lo bello. Trad. de Alberto Ciria. Barcelona: Herder Editorial, 110 pp.
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