Andar, una filosofía

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Andar, una filosofía

Frédéric Gros es filósofo especialista en Michel Foucault y profesor en la Universidad de París-XII. En 2008 publicó un libro que no encaja del todo en ningún género: un recorrido filosófico y literario en compañía de ilustres autores como Rimbaud, Thoreau o Kant, cuyo hilo conductor es el simple hecho de caminar. No es un manual, no es un ensayo académico, no es del todo una historia cultural. Es, más precisamente, una meditación organizada en torno a figuras y temas, escrita con la convicción de que andar no exige ni aprendizaje, ni técnica, ni material ni dinero. Solo requiere de un cuerpo, de espacio y de tiempo.

La estructura del libro alterna entre capítulos dedicados a grandes caminantes de la historia y capítulos temáticos sobre las dimensiones del andar: la solitud, la lentitud, el silencio, la libertad, el agotamiento, la peregrinación. Gros repasa figuras como Nietzsche, Rimbaud, Thoreau, Nerval, Kant y Gandhi, y elogia el caminar como un acto de disidencia frente a la premeditada y robótica prisa occidental.

Cada figura ilumina un aspecto distinto. Nietzsche caminaba en las alturas de los Alpes y encontraba en el esfuerzo físico el ritmo de su pensamiento: sus ideas más violentas nacieron en ascenso. Rousseau usaba el paseo para escapar del ruido social y recuperar algo parecido a la inocencia. Kant salía todos los días a dar un paseo a exactamente las 5 de la tarde, con una regularidad que los vecinos de Königsberg usaban para poner sus relojes en hora. Rimbaud, en cambio, caminaba compulsivamente, largas distancias a través de Europa y África, como si el movimiento fuera la única forma de sostenerse. Gandhi convirtió el caminar en acto político puro: la Marcha de la Sal en 1930 fue una demostración de que marchar en protesta es un rasgo común de nuestra vida política en libertad.

La tesis central del libro es que caminar no es un deporte ni un medio de transporte sino una forma de estar en el mundo cualitativamente distinta. Gros habla del ruido constante en el que vivimos, como una radio encendida 24 horas, y propone el caminar sin estímulos como salida del charloteo interior. La velocidad, argumenta, no ahorra tiempo sino que lo comprime: las prisas y la velocidad aceleran el tiempo, que pasa más deprisa, y dos horas de prisas acortan un día. Caminar lento, en ese sentido, es una forma de recuperar la duración real de las cosas.

El libro también trata las dimensiones existenciales y místicas del caminar: la eternidad, la solitud, el silencio, la lentitud, lo que está afuera, la energía, la libertad. Y sus dimensiones culturales: la peregrinación, el vagabundeo errático, el paseo. Es en esa variedad donde el libro muestra su mayor ambición: Gros no quiere explicar el caminar sino restituirle su complejidad, mostrar que bajo un mismo gesto físico caben el monje tibetano, el filósofo peripatético, el manifestante, el peregrino y el flâneur.

Muchas de las grandes historias de la humanidad empezaron a pie: Buda, Jesús, Gandhi. El contacto con la tierra, con los pies en el suelo, es lo que nos devuelve a la realidad más cercana. Esa es la apuesta del libro: que caminar no es una actividad entre otras, sino la condición de posibilidad de cierto tipo de pensamiento y cierta calidad de presencia en el mundo. Un libro, como dijo Le Monde des Livres, que entusiasma incluso a los sedentarios empedernidos.


Frédéric Gros, Andar, una filosofía. Taurus, 2014. (Publicado originalmente en francés en 2008.)