52 maneras de caminar

Annabel Streets rompe la rutina del caminante con rigor y entusiasmo. Un manual honesto, hijo de su época.
52 maneras de caminar

Annabel Streets tiene un problema práctico: sus amigos no quieren caminar con ella. Demasiado frío, demasiado barro, demasiado lejos. Su respuesta fue escribir un libro. 52 Maneras de Caminar ofrece 52 formas distintas de andar, explicando la ciencia detrás de cada una y proporcionando consejos prácticos para sacar el máximo partido a los pasos diarios. Un capítulo por semana, un año completo. El libro es útil, bien documentado, y representa con fidelidad casi desconcertante el espíritu de su época.

Streets caminó en altura, en bosques, descalza, hacia atrás, bajo luna llena. Con la curiosidad como única guía, siguió ríos, líneas ley, rutas de peregrinaje. Probó el caminar veloz, el caminar consciente, el caminar nombrando olores. Cada experimento termina en un capítulo breve con evidencia científica y un protocolo de uso. Una caminata de doce minutos altera 522 metabolitos en sangre, moléculas que afectan el corazón, los pulmones, las neuronas. El dato aparece temprano y establece el registro del libro: el cuerpo como sistema mejorable, la caminata como intervención.

Ese encuadre —caminar como herramienta de bienestar— es coherente y honesto. Streets no pretende escribir literatura; escribe un manual, y como manual funciona. El libro está en su mejor momento cuando no depende de los datos para hacer su argumento. Las historias y experiencias vividas de quienes caminan son lo que realmente resuena. Hay capítulos genuinamente buenos, sobre todo los que rastrean la historia de mujeres caminantes del siglo XVIII y XIX: figuras que usaban el andar como forma de autonomía en un mundo que las confinaba al interior. Ahí la ciencia cede y aparece algo más interesante.

El problema es estructural. 52 capítulos autónomos e intercambiables producen exactamente lo que prometen: variedad. Pero la variedad es el valor del catálogo, no del ensayo. Es un libro bastante ligero, aunque todos los beneficios presentados están respaldados por evidencia científica. No se acumula. Cada capítulo abre y cierra sin consecuencias para el siguiente. Se puede empezar por el 23, terminar en el 7, saltarse el 40. Eso es una virtud para quien lo usa como guía de consulta; es una limitación para quien espera que un libro sobre caminar lo lleve a algún lado.

Hay lectores para quienes esto es exactamente lo que necesitan, y Streets los conoce bien. Muchos estamos atrapados en rutinas de caminata, caminando siempre en el mismo lugar, de la misma manera, durante el mismo tiempo, con las mismas personas. El libro se vende desde 2022 con constancia, ha sido traducido a treinta idiomas, y sus reseñas están llenas de personas que salieron a caminar bajo la lluvia por primera vez en años. No es un mérito menor. Pero quien busca en este libro una idea sobre el mundo —no solo instrucciones para moverse mejor por él— va a encontrar un buen punto de partida y tendrá que seguir buscando.