Dieter Rams, el diseñador que eligió menos

El alemán detrás de Braun convirtió una idea simple en una ética: menos, pero mejor.
Dieter Rams, el diseñador que eligió menos

Dieter Rams nació en 1932 en Wiesbaden, Alemania, y estudió arquitectura. Su abuelo era carpintero, y de él heredó algo que nunca abandonó: el respeto por las cosas bien hechas, pensadas para durar. En 1955 entró a trabajar en Braun, una empresa de electrodomésticos, y pocos años después ya dirigía su departamento de diseño. Se quedó allí hasta 1995.

En esas cuatro décadas diseñó radios, tocadiscos, calculadoras, afeitadoras y relojes. Objetos cotidianos, sin pretensión de arte. Y, sin embargo, muchos de ellos hoy están en museos. No porque fueran llamativos, sino por lo contrario: porque no les sobraba nada.

Uno de sus primeros trabajos, el SK 4, un tocadiscos con radio diseñado junto a Hans Gugelot en 1956, rompió con todo lo que se hacía entonces. En lugar de un mueble de madera oscura, una caja blanca con una tapa transparente. Lo apodaron “el ataúd de Blancanieves”. Era una burla, pero también el anuncio de algo nuevo: un objeto que no intentaba parecer otra cosa.

Rams resumió su manera de trabajar en tres palabras: weniger, aber besser. Menos, pero mejor. No se trataba de quitar por quitar, sino de quedarse con lo esencial y hacerlo bien. A fines de los años setenta, preocupado por un mundo lleno de objetos innecesarios, ordenó sus ideas en diez principios del buen diseño. Algunos parecen escritos para hoy:

El buen diseño es honesto.
El buen diseño es duradero.
El buen diseño es discreto.
El buen diseño es el menor diseño posible.

Su obra más longeva lo demuestra. El sistema de estanterías 606, que diseñó en 1960 para Vitsoe, se sigue fabricando y vendiendo. Se compra, se usa, se amplía cuando hace falta y, si hay una mudanza, se desarma y se lleva. Pensado para acompañar una vida entera, no una temporada.

Su influencia se nota en muchos de los objetos que usamos hoy, desde la tecnología de consumo hasta el mobiliario. Pero Rams siempre fue crítico de la abundancia. Llegó a decir que, si tuviera que volver a empezar, no sabe si sería diseñador, porque el mundo ya tiene demasiadas cosas. Para él, la tarea del diseño no es sumar objetos, sino ayudar a que necesitemos menos.

Rams vive desde hace décadas en una casa sencilla en Kronberg, cerca de Fráncfort, rodeado de sus propios diseños, de un jardín y de muy pocas cosas más. Su vida es una extensión de su trabajo: ordenada, tranquila, sin exceso.

En una época que fabrica y descarta a una velocidad nunca vista, su pregunta sigue vigente. No es cómo hacer más cosas, sino cómo hacer menos y mejores. Y esa pregunta no es solo para diseñadores. Es para cualquiera que mire lo que tiene y se pregunte qué de todo eso realmente necesita.

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